Ahu Tongariki: Los 12 moáis nos contemplan
Ahu Tongariki es la joya de la corona, la imagen que todos guardamos de Isla de Pascua en nuestra cabeza, por la que hemos soñado toda la vida. No es para menos, ya que estamos hablando del Centro ceremonial más grande, no sólo de la isla, sino de toda la Polinesia, no habiendo nada comparable a uno y otro lado del Océano Pacífico.
Ahu Tongariki contuvo el mayor número de moáis en pie en su respectivo altar (ahu) y, a pesar de las guerras entre tribus rapanuis, del desgaste del tiempo y de un feroz tsunami que arrasó con todo en 1960, hoy tenemos la fortuna de poder observarlos de una forma semejante a cómo pudieron estar colocados en su origen. Y es que los japoneses se ocuparon de la restauración post-tsunami, devolviéndolos a su lugar.
Son doce moáis exactamente quienes forman fila. El más alto, el que tiene sombrero (pukao) tiene una altura de 14 metros, pero los demás no le andan demasiado a la zaga. Lo más impactante es la diferencia de rasgos en los rostros y en el físico de todos y cada uno de ellos, demostrando la teoría de que en realidad fueron una representación de los ancestros, que al fin y al cabo, se creyó protegerían a la aldea. De hecho bajo sus pies hay huesos, y es que no conviene olvidar que estos centros ceremoniales tenían un carácter eminentemente funerario.
Hay otros tres moáis que no han sido reubicados en su altar, pero que muestran cómo fueron encontrados.
Durante mi viaje a Isla de Pascua visité Ahu Tongariki al menos en tres ocasiones. Me resistía a marcharme una y otra vez, sucediéndome lo mismo que en Rano Raraku que queda a apenas 5 minutos. La fuerza de la cultura pascuense se sostiene en esa hilera de moáis que rompe todos los esquemas de la comprensión hasta que la propia emoción llega a acariciarte la garganta.
Estando solo frente a ellos no pude evitar sentarme al frente y quedarme mirando la escena durante algo más de una hora. Simplemente observando, pensando y, seguro estoy de ello, absorbiendo la energía que desprende el lugar. Quizás porque estaba cumpliendo uno de los sueños de mi vida y porque es un espacio que logra marcar pasa siempre al que lo visita.
Las mejores horas para visitar Ahu Tongariki es al amanecer, puesto tras ellos sale el Sol, y a partir de las tres de la tarde cuando no hay obstáculos ni contraluces para realizar fotografías. Además es a la tarde cuando la mayor parte de las excursiones y visitas organizadas se han marchado con la música a otra parte, por lo que puedes disfrutar de este espectáculo en soledad. Ni que decir tiene que combinarlo con Rano Raraku es la mejor opción de todas.
Doce moáis nos contemplan y nos cuentan al oído los secretos de esa Isla diminuta y remota llamada Rapa Nui…


