Roberto Gonzalez
La Playa de Beatriz
Mudo de admiración me quedé cuando mi amiga Beatriz González, viajera empedernida y la mejor anfitriona del mundo, me llevó a ver su playa, a dos pasos de su preciosa casa en Sa Rápita.
Digo su playa, porque ella la considera así, suya. Y no es difícil apropiarse de su hermosura, de su nívea y limpia arena, de la transparencia de sus aguas, de su aire marinero y al mismo tiempo solitario, casi exclusivo.
Con un poco más de un kilómetro de largo, este arenal de aguas tranquilas e invitadoras al baño, es un oasis para todo el que la visita, sobre todo si lleva muchos kilómetros y cansancio a la espalda, como nuestro caso.
Tras aparcar el coche a la entrada del maravilloso Club Náutico, hundimos los pies en la fina y cálida arena y nos tumbamos bajo el radiante sol mallorquín. La sed apretaba, así que nada mejor que tomarnos una cerveza helada en el chiringuito montado a todo lujo sobre la misma arena y relajarnos con su música chill out esperando a que caiga la tarde. Un baño de vez en cuando en unas aguas que compiten con las más limpias, transparentes y turquesas del Caribe, nos ayuda a olvidarnos de todos nuestros problemas y preocupaciones, a vivir la vida y verla de otra manera.
Todo esto y la tranquilidad de la playa de Sa Rápita hacen que enamores perdidamente de ella, que cuando dejes Mallorca la lleves en la retina y en el recuerdo. Algo la convierte en una playa única, en la playa de Beatriz.
Todo esto y la tranquilidad de la playa de Sa Rápita hacen que enamores perdidamente de ella, que cuando dejes Mallorca la lleves en la retina y en el recuerdo. Algo la convierte en una playa única, en la playa de Beatriz.
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