Puf... ¡Qué decir de este l...
Puf... ¡Qué decir de este lugar!
Básicamente es el sitio al que he llevado a más gente en toda mi vida. Y es que el Schoppen es el ejemplo perfecto de un acierto seguro.
Para empezar, tienen todas las cervezas imaginables, de todos los tipos y de todos los colores; incluso si tienes el típico amigo que dice que no le gusta la cerveza, es IMPOSIBLE no encontrar una cerveza que le vaya a gustar (tienen incluso de melocotón, de plátano o de piña) pero, claro está, que al que le gusta la cerveza quiere algo más especial, ahí entra su enorme carta de cervezas de abadía, de monasterio, tostadas, rubias, negras, de trigo,... No tengo ni idea de cuántas veces he ido, pero el 90% de ellas he tomado una cerveza nueva.
Además de eso, la decoración tiene un estilo muy de taberna alemana que hace que te sientas como en casa y, por si fuese poco, la atención es de matrícula de honor. Fernando (el dueño) es una persona que te va a ofrecer el mejor servicio del mundo y que, además, si le preguntas por algún tipo de cerveza, te explicará todo lo necesario para que sepas justamente cuál te apetece de verdad, es como el perfecto gurú cervecero.
¡Y eso por no decir que tienen prácticamente el vaso oficial de cada uno de los cientos de tipos cervezas que ofrecen! (Que por cierto ocupan como dos paredes enteras).
No puedo despedirme sin hablar de la comida... ¡Puf! Es una tortura cuando sale una bandeja con un surtido de salchichas hacia otra mesa con su guarnición y con los más de 6 botes de salsas distintas que las acompañan. Otra maravilla que puedes tomar ahí es la tosta de lomo (creo que es salmorejo o algo muy parecido lo que lleva por debajo), que tiene un pan calentito crujiente por fuera y tierno por el centro y la carne en su punto justo que se te deshace en la boca... Y también son una delicia los crepes, y las cremas de patata , ¡y todo!
Tener a dos minutos de casa este sitio es un verdadero lujo, no puedo decir más.
Lo recomiendo mucho muchísimo.


