Mátame, camión.
Pues hoy he ido al [nuevo] Tintín y os voy a contar un poco.
La versión corta es que preferiría que me arrancasen toda la dentadura con unas tenazas oxidadas antes que volver a poner un pie a menos de veinte metros de ese antro de mala muerte, que da asco y vergüenza y encima es un atraco ya desde antes de entrar.
Cinco pavos de entrada, QUE NO INCLUYEN LA CONSUMICIÓN, la música es horrorosa -lo más decente que pusieron en ese rato fue "Despechá" de Rosalía-.
Ojo, después de tener que ponerme los vaqueros que llevaba en la mochila improvisando un camerino en un portal cercano, porque el cosplayer del Doctor Maligno que hay en la puerta, al lado del niño de unos trece años que cobra las entradas, no te deja entrar "en chándal", y que es lo que le da calidad a la película. Lloviendo a cántaros. Un fruto domingo.
Lo mejor de todo es que, según estoy buscando el baño como una desesperada, en todo el medio de "la pista"... ¡¡¡PUM!!! Una chavala vestida como si fuera a dar una clase de aerobic, dándolo todo al ritmo de vaya usted a saber qué aberración musical.
Aclaro que pasé por ahí porque se suponía que era lo único abierto a esa hora y me gusta parar, sentarme un poco y tomar algo entre el curro y el gimnasio (trabajo en hostelería, salgo a las mil quinientas y voy al un gimnasio que abre las 24 horas) y eso, que me meaba como una señora mayor y estaba diluviando.
Pues oye... Ni un puto sitio donde sentarse, y al baño ni me atreví a entrar, visto el percal. Es más, me fui sin saber dónde cøño estaba. Aunque me reventaran los riñones como al Abuelo Simpson.
En serio... Qué más les dará si llevo un chándal de Adidas o un pantalón tejano de Hunchungcheing... Ni que fuera el restaurante del Hotel Palace. Si es como meterse en una cueva de osos, no me jødas. No se ve ni a echar un juramento. Que la camarera no sabe si pone los botellines abiertos o cerrados (literalmente).
Lo único bueno es que, como ahí, por lo visto, lo más
normal es que siempre haya imbéciles armando gresca en la puerta y alrededores, mi cambio de ropa casi callejero pasó desapercibido.
Recomendable si te gusta que el Doctor Maligno te escoja la ropa o no saber si te han dado el botellín abierto o cerrado.
P. S: Pido perdón a todos los osos del mundo por la comparación, porque seguro que cualquier oso sería capaz de tener un garito más decente.