Imágenes de toda la vida.
Porque son las que tenemos grabadas a fuego en la retina, las que nos han acompañado a lo largo de nuestra existencia cada vez que veíamos algo sobre el país de Helvecia. Desde Heidi al Toblerone, pasando por las famosas botas de montaña o las películas de James Bond, todo el paisaje que rodea a la fabulosa montaña forma parte desde siempre de la imagen que tenemos de Suiza.
Pero centrémonos en ella, ya que por su forma y su posición independiente, el Matterhorn o Cervino, dependiendo de si estas en lado suizo o en el italiano, es considerado el epítome de una montaña. Para los suizos no hay montaña más conocida en el mundo, cuya forma natural de pirámide surgió como consecuencia de las enormes tensiones tectónicas entre África y Europa hace 100 millones de años.
Pero más que por su historia geológica, el Cervino es conocido por los logros y las tragedias de las personas que se han atrevido a escalarlo.
Desde 1865 al verano de 2011, nada menos que 500 alpinistas han encontrado la muerte en las laderas del Matterhorn.
Algo que no es de extrañar, debido que aunque el gobierno suiza pide y recomienda encarecidamente que se contrate a un guía, muy frecuentemente los grupos de montañeros van solos, apenas guiados por alguien que ya hizo una vez la ruta y se cree capacitado para guiarlos. Pero a menudo las condiciones climáticas cambian muy rápidamente (caída de temperatura, tormentas), que unido al derretimiento del permafrost ( suelo permanentemente congelado), hacen que cada vez sea más arriesgado llegar hasta la cumbre.
Por eso, prefiero verlo desde abajo, desde donde se alza imponente, o mejor aún con la tableta de Toblerone en la boca.


