cultos a la muerte
Los cultos a la muerte siempre me han atraído, porque es uno de los puntos de contraste y relativismo más intensos, frente a nuestra forma de ver la vida (y la muerte). Para nosotros la muerte es fuente de respeto, pero también es un tabú al que no queremos acercarnos demasiado. En otras culturas no es así, es parte del día a día.
En el País Lobi, región de creencias animistas, los muertos "conviven" con los vivos. Son enterrados frente a la casa, a escasos metros de la puerta principal, y para que a nadie les pase inadvertidos, erigen unas estatuas de barro que marcan su presencia. Son toscas, como un montón de arena en la plaza con cierta forma humana, pero dotadas de expresión con piedras o conchas que hacen de ojos, ramitas que hacen de bocas...
Además, estas estatuas están rodeadas siempre de vasijas, para que no les falte de nada, allí donde estén. En realidad, es una manera de protegerse de los malos espíritus, de los geniecillos que por la noche pueden entrar en las casas y hacer de las suyas, de todo lo que amenaza su razón y su equilibrio.
Resultan inquietantes y me suscitan mucho respeto, aunque ellos (los vivos) se sientan sin problemas sobre sus antepasados -más o menos recientes-, mientras descansan o te observan.


