Marita A
Que puedo decir
"Podéis hacer la excursión pero es muy pronto, los avistamientos no empiezan hasta de aquí a una semana".
Que mala suerte. ¡Por una semana! Con este descorazonador mensaje arrancaba nuestra excursión en barco para avistar ballenas.
Era noviembre, el día 10 de nuestro viaje. Estábamos en Maui. Nuestra ilusión: toparnos con una ballena, por primera vez en nuestra vida. Elegimos una compañía que nos inspiró confianza, la Pacific Whale Foundation, que además parecía preocuparse por el medio ambiente, respetar a los animales y no estresarlos, además de contar con un programa de investigación. Tiene sede en el puerto de Maalea.
Contratamos la excursión de la tarde. Éramos pocos y los ánimos no estaban muy exaltados. Pero algo dentro de mí me decía que, contra todo pronóstico, algo bueno pasaría.
Empezamos la navegación, amenizada por el bello paisaje y las explicaciones, muy instructivas, sobre las ballenas jorobadas. Mi concentración se repartía entre escuchar el mensaje y mantener mi mirada fija en el horizonte, en busca de algo.
Pasó bastante rato...y nada. "No pierdas la paciencia", pensé.
Y así fue. Cuando la excursión casi llegaba a su fin, el grito del capitán diciendo "habéis sido muy afortunados, ahí va una ballena", nos sacó de nuestro ensimismamiento.
Que momento tan emocionante. Que animal tan bello. Que recuerdo para siempre.
La Pacific Whale Foundation tiene un programa para apadrinar ballenas. Vale la pena.
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