Increíble pueblo noruego
Al final de esos 15 kilómetros de inabarcable belleza encontramos el pueblo de Geiranger, que si bien en invierno duerme en un letargo frío y solitario, en verano es literalmente asaltado por las hordas de cruceristas que lo toman como puno de partida para excursiones y pierden su tiempo en las enormes tiendas de recuerdos que son uno de los principales motores de ingresos de las cuatro casas que forman el pueblo.
Una iglesia, un camping, varios hoteles y un Museo de los Fiordos ( Norks Fjordsenter), localizado en lo alto del pueblo, completan las estructuras levantadas por el hombre, si exceptuamos la pasarela escalonada que sube siguiendo el curso de un desfiladero que en ocasiones ruge con la fuerza de las aguas y viene a desembocar en el fiordo.
Una vez tomadas las mejores imágenes del pueblo, conviene bajar por la empinada carretera que, sinuosa, nos lleva de nuevo hasta la gigantesca tienda de recuerdos, ya que desde allí suelen salir las cortas pero intensas excursiones que nos permitirán conocer los alrededores del fiordo.


