Una isla de paz y espiritualidad
Hay sitios en el mundo donde al llegar te invade una paz enorme, y esa fue la sensación que tuve en Reichenau cuando llegué, a pesar de que no soy religioso, pero los monjes benedictinos que fundaron el primer monasterio en la isla, actual ayuntamiento, escogieron bien el lugar, una isla verde, fértil, y que todavía hoy siguen teniendo unas carreteras estrechas hechas para no correr, y el principal medio de locomoción son las bicis.
Yo fui en tren desde Constanza y luego en un bus que conecta las tres iglesias románicas nombradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, la de San Jorge, la de Santa María y San Marcos y la de San Pedro y San Pablo, cada una con su estilo particular y su encanto especial situadas en el extremo este, centro y oeste respectivamente.
Mi preferida fue la de San Pedro y San Pablo porque sus pinturas me encantaron, y su localización, en un pequeña colina desde la que se divisa el lago Constanza, la convierten en un lugar muy especial


