Lugares maravillosos que merecen una parada
Matame es uno de los pasos fronterizos que hay entre Sudán y Etiopía. Nada más pasar este lugr el cambio que se observa es espectacular en todos los sentidos. El que más llama la atención a simple vista es el cambio paisajístico. En pocos minutos se pasa de una desértica o algo verde (dependiendo de la época del año) de Sudán, a unas montañas impresionantes que llegan a tener más de 5.000 metros de altura y a unos paisajes que parecen sacados de gales o de películas como la de El Señor de los Anillo.s Esto fue una de las cosas que más me sorprendió de todo el viaje por África. Pensé que el paisaje de Etiopía era algo parecido al de Sudán, es decir, que habría bastantes zonas desérticas y algunas con algo de vegetación, dependiendo de la época del año. Pero la realidad es bien distinta, en Etiopía el paisaje más habitual es una naturaleza verdosa que cubre todo, con unos acantilados impresionantes, unas cascadas increíbles y unas montañas que quitan el sentido.
Otro de los cambios que se viven al pasar la frontera es el de la temperatura. Se pasa de los 30 grados que hay en Sudán a unos 10 grados que puede haber perfectamente en las montañas etíopes. Es increíble, pero claro, la altitud también cambia muchísimo, en Etiopía enseguida te pones a 2.000 metros de altitud.
Los poblados también cambian bastante. Las casas sí que son parecidas a las que te encuentras en las montañas Nuba de Sudán pero aquí los poblados son más grandes, hay más habitantes en cada uno de ellos y además, la cultura es completamente diferente.
En muy pocos kilómetros presencias todos estos cambios y cuesta adaptarte, sobre todo al de la temperatura.
Por cierto, cuando vas por la carretera es habitual encontrarte no sólo con poblados, sino también con lugares maravillosos que merecen una parada, por ejemplo, cascada imponentes en las que te puedes pegar un baño tranquilamente. Fue algo muy gratificante, sobre todo, porque llevábamos bastante tiempo sin poder pegarnos una ducha y cuando tienes la oportunidad de dártela es como si te encontraras en la gloria, una auténtica bendición.
En cuanto cruzas la frontera entre Sudán y Etiopía te das cuenta de que no sólo hay cambios paisajísticos, sino también culturales y muy importantes, sobre todo por la religión. Se pasa de las costumbres musulmanas a unas costumbres completamente diferentes que son las de los cristianos coptos.
El cambio que más llama la atención es que aquí las mujeres ya no van tapadas de arriba a abajo, más bien todo lo contrario. Es habitual encontrar a mujeres que van con el pecho descubierto, y claro, después de estar un tiempo viéndolas tapadas hasta los pies llama mucho la atención.
Otro cambio que se nota a simple vista es que aquí las familias suelen ser monoparentales, al ser cristianos coptos tienen unos valores más parecidos a los nuestros en este sentido.
Más cosas que cambiian nada más pasar la frontera, la hospitalidad a la que te tienen acostumbrada los sudaneses cambia por completo. Los musulmanes siempre son muy hospitalarios porque además es una obligación según su religión, en Etiopía sin embargo, siempre han estado recibiendo ayudas de todas partes, ya que es un país extremadamente pobre, y esto ha provocado que cada vez que ven a una persona blanca se piensen que ésta tiene la obligación de darle algo, ya que al ser blanco, es rico. Por lo tanto, no hay ni un sólo etíope que no se te acerque para pedirte cualquier cosa. Además, siempre que te hacen un favor te piden algo a cambio, desaparece por completo la hospitalidad sudanesa.
En los pueblos que están situados en la frontera los niños suelen ir vestidos con muy poca ropa, es gente muy pobre, que vive normalmente gracias a dos vacas escuálidas o a un huerto pequeñísimo que apenas da algo.


