El Muro de la Vergüenza
Dos Alemanias, dos mundos, miles de familias partidas...un muro. No era la primera vez que la humanidad creaba una muralla que protegiera una manera de vivir; la Gran Muralla China o el Muro de Adriano, se levantaron muchos siglos atrás con el afán de aislar lo desconocido o por lo menos, retrasar su llegada. Pero ninguno de ellos es comparable al que se construyó en Berlín en 1961. La Historia nos ha enseñado que la función de los muros era la protección, la defensa de las propiedades; el muro de Berlín, por el contrario se ideó para aislar a sus habitantes, como una cárcel gigante en la que en lugar de barrotes había tres metros y medio de frío hormigón a lo largo de 165 kilómetros.
Tras acabar la Guerra la ciudad se dividió en cuatro partes, tantas como países que participaron en su liberación. En los primeros tiempos se podía ir de una zona a otra casi sin dificultad, pero una vez que las diferencias entre el bloque comunista y el capitalista se hicieron más evidentes y la fuga constante de alemanes del este con gran formación académica se hizo casi imparable, la necesidad de una separación radical se hizo más que necesaria.
De la noche a la mañana Berlín quedó definitivamente partido a la mitad. Y empezó a correr la sangre. Sólo en su primera noche de existencia murieron 80 personas intentando en vano cruzar el muro, las vallas de tela metálica, los cables de alarma, una cerca de alambre, trescientas torres de vigilancia y treinta bunkers.
Familias rotas, amigos separados, ausencia de toda libertad, amargura y tristeza.
Recorriendo este Memorial encontramos puntos realmente angustiosos, como la Ventana del Recuerdo, con las fotografías de algunos de los que murieron intentando cruzar al otro lado; un tramo de 70 metros de Muro de hormigón y hierro retorcido con restos de una torre de vigía y muy cerca de la calle, casi fuera de la zona expositora, los restos de unas casas que quedaron en medio del Muro: la cocina y la despensa en la zona este y los dormitorios y la sala en la oeste. Es muy curioso ver las fotos en las que se puede apreciar el significado de estas casas durante la permanencia del Muro.
No puedo siquiera imaginar lo que debió ser para los berlineses saberse tan cerca los unos de los otros y al mismo tiempo tan separados, como en una especie de Guerra Civil silenciosa.


