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Mina Cooperativa de Potosí: Rosario.

2 opiniones sobre Mina Cooperativa de Potosí: Rosario.

Donde la historia pesa

La mina de Potosí es un lugar en donde la altura claramente te afecta; siendo esta ciudad la mas alta del mundo, y no es tan solo lo que te afecta. Es lugar muy místico que esta lleno de creencias y costumbres, que sus trabajadores siguen al pie de la letra. Fue un recorrido hecho por uno de ellos en donde para mi fue toda una aventura, (subir, bajar, agacharse, saltar, escalar, arrastrarse y conocer los pasillos mas pequeños e importantes del lugar), junto también fue un reencuentro con la historia del país; desde la época de la conquista y de los mismos trabajadores del lugar que sacrifican su vida día a día trabajando en una mina en donde, según nos contaba este minero y guía, moría 1 minero al mes; cifra que no me sorprende al conocer la arriesgada labor que hacen día a día.

Si pudiera volver al lugar, a hablar con ese caballero, a que me cuente su historia desde lo mas profundo y sincero, no lo dudaría, ni por un segundo. Un lugar en donde la historia pesa.
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La ciudad de Potosí, la más alta del m...

La ciudad de Potosí, la más alta del mundo, situada a 4.090 msnm, se encuentra a los pies del Cerro Rico, montaña cónica que alcanza los 4.824 msnm. Este cerro, de nombre bien merecido, convirtió a la ciudad en una de las más grandes del mundo, allá por el siglo XVII, cuando sus casi 200.000 habitantes triplicaban la población de Madrid, Londres o París.

Fue Miguel de Cervantes quien acuño, en su "Don Quijote", la frase "vale un potosí". Dicen que el valioso producto del Cerro Rico levantó tantos palacios y castillos, como personas soterró.

El cerro es como un hormiguero humano gigante, está repleto de túneles y agujeros, donde miles de hombres, y algunas mujeres y niños, trabajan la mina tal y como se hacía antaño. El mayor avance tecnológico que ha llegado a las minas de Potosí, es la pólvora, para dinamitar la roca dura que se trabaja a interior mina, y que contiene la mayor parte del metal.


Hoy día casi todas las minas son de cooperativas, y algunas de ellas abren sus puertas al visitante, para que podamos ver, por un rato, lo que esos hombres padecen a diario.

La excursión se puede contratar en cualquiera de la múltiples agencias que rodean la plaza de Potosí. Yo elegí una, después de sondear varias, básicamente por la relación servicio/precio (era la más barata, ofreciendo prácticamente lo mismo que las demás). Resultó ser un "apéndice" de la cooperativa de la propia mina, por eso el precio era el más bajo, los mineros, y a veces sus mujeres, enseñan la mina en su día libre. Nos dejan sus propios trajes y nos explican todo desde sus "entrañas".

Ellos ponen todo el material necesario (botas, traje, casco y linterna). Primero nos llevan a casa del minero, para darnos la ropa, botas y casco. Luego paran en el mercado de los mineros, donde te invitan a comprar regalos para ellos (más o menos a cambio del incordio que vamos a ocasionar). Los regalos son cigarrillos, hoja de coca, dinamita y bebidas. Eres tu el que decide si llevarles alcohol del duro, para "soportar" aquello, refrescos, que además de líquido tienen azúcar, o agua. Parte de estos regalos serán para ofrecérselos al "Tío" (a veces le dicen "de la montaña" y a veces "de la mina").

Por último, tras unas breves explicaciones en medio del cerro, te llevan a la mina. En este caso, la mina Rosario que, como muchas, tiene varias "bocas" de entrada. Creo recordar (porque estuvimos en varias) que nosotros accedimos por la Boca Morena. Muchos de los túneles se comunican por el interior, con lo que es posible entrar por uno y salir por otro.

El calor empieza a sofocar a pocos pasos de la entrada. Es estrecho y no se ve un pimiento más allá de dos palmos de tu nariz. Lo mejor es cuando empieza el "barranquismo", o las ajadas escalerillas de madera, con peldaños mellados. O cuando por el túnel, de poco más de un metro de anchura, viene la carretilla empujada por dos mineros, y te tienes que incrustar literalmente en las paredes para que pasen... Ellos van empujando hacia arriba, una carreta llena de escombro, NO PARAN, así que más vale retirarse a tiempo. Casi se les echa el regalo sobre la marcha. O mejor todavía cuando, bajando por esa "escalera" retumba todo cual terremoto, por alguna detonación relativamente cercana.

Lo de el estado físico medio/alto que te dicen al contratar la excursión, es cierto, al menos en la mina que yo visité. Se sube por rampas imposibles, hay agujeros por los que tendremos que resbalar nuestro cuerpo por partes (unos 45 centímetros). Nosotros bajamos unos 30 metros (el equivalente a 10 plantas de un edificio), que luego tuvimos que volver a subir por los sitios más inverosímiles. Se hacen algunas paradas para sacar barro de un micro-agujerillo, que se supone contiene algo; para subir a base de polea un cubo lleno de piedras y o más barro; para volcar cubos de goma, repletos de lo mismo, en las carretas mineras.

Una experiencia tan divertida como aterradora, no porque de miedo andar por los túneles y todo lo que hay que hacer (eso es lo divertido), sino por comprobar cómo están trabajando esas personas: El calor, las condiciones primitivas, la profundidad, la humedad, el olor a metal, el polvo....

Por último, antes de salir, Se hace la visita rutinaria al "Tío", que viene a ser el espíritu dueño de la mina y de la vida de los mineros, nada menos. Es un diablo, digamos la antítesis de la pachamama (madre tierra, a la que también hacen ofrendas en diversos rituales). A este, como es demonio, le agasajan con todos los vicios, alcohol, tabaco y hojas de coca (que no es un vicio pero le gustan mucho), para que les proteja, o mejor dicho, que no les robe la vida, dentro de la mina.
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Información Mina Cooperativa de Potosí: Rosario.