Una joya escondida en medio del Raval
Hace unos meses cayó en mis manos un interesante libro titulado "Las rutas de Jaime I", donde se conjugan elementos históricos, artísticos y turísticos. El libro recoge los diferentes lugares conquistados por el rey conocido como "el conquistador" y que se desarrollan por los antiguos reinos de Aragón y Valencia (que incluían Cataluña y Murcia).
Entre las joyas que he descubierto sobresale el apartado de Barcelona, donde el autor nos introduce en su historia mediaval más inicial. Aquí he encontrado el que para mi, ha sido uno de mis mayores descubrimientos recientes en la ciudad condal: el monasterio de Sant Pau del Camp, un lugar situado en medio del bullicioso, animado y cosmopolita barrio del Raval.
Sorprende de una manera inmediata el edificio recoleto, casi al lado de una de las arterias principales de Barcelona: La avenida del Paralelo. Entrar en este monasterio benedictino, cuya fundación se sitúa entre los años 897 al 911 es como entrar en otra dimensión. Un románico increíble nos da la bienvenida en una ciudad conocida por su gótico y su modernismo.
Sant Pau es una delicia, un lugar lleno de paz, alejado de las rutas megaturísticas, que permite disfrutarlo en silencio, donde puedes fotografiar cada rincón con tranquilidad, donde puedes oír cada uno de tus pasos haciendo eco y los pájaros trinando. Un oasis de belleza, remarcada por su espectacular claustro de reminiscencias orientales, con capiteles sencillos pero bellos.
Qué puedo decir, que este lugar ha pasado a ser uno de mis top-ten de Barcelona. Después de diez años viviendo por aquí me produce una gran emoción seguir descubriendo rincones amagados de esta increíble ciudad.
Tengo que hacer una mención especial al Claustro del Monasterio de Sant Pau del Camp, no es para menos. Uno de los más bellos que he visto últimamente, sencillo, pequeño pero diferente.
Un claustro que forma un patio cuadrado, muy diminuto, de columnas emparejadas con una particularidad, sus arcos lobulados que nos transportan a un estilo morisco, oriental, poco visto por estos lares y que le da un encanto especial.
Los capiteles que adornan las columnas son toda una representación de diferentes estilos y concepciones, desde el estilo corinto, de tradición vegetal, hasta preciosas figuras de animales en movimiento.
Pasear por este tranquilo y sencillo claustro románico es una delicia. El juego de luces y sombras le da un toque místico, casi onírico.
Un lugar que me ha sorprendido mucho, en mitad del bullicio de la gran Barcelona. Imprescindible su visita para entender lo que fue y lo que es la ciudad condal. Un soplo de belleza en medio del barrio del Raval.


