Monumento al conquistador
En la zona trasera de Arcos, junto a los puentes sobre el río, se alza la calle de Alfonso X el Sabio, también denominada calle de Extramuros por hallarse más allá de la Puerta de Matera, en las afueras de la ciudad.
En un rinconcito arbolado de dicha calle se alza una estatua al rey medieval. Su actitud es la habitual, en una mano una granada y la otra sobre el pomo de la espada. Vestido con ropaje de batalla, como el conquistador que fue.
La verdad es que me sorprendió hallar una estatua de Alfonso X en Arcos de la Frontera. Esta villa muestra su pasado andalusí por sus cuatro costados y está llena de callejuelas medievales y de monumentos históricos. Pero en un momento dado del franquismo España se llenó de monumentos de Alfonso X y rara es la ciudad andaluza que no cuenta con uno de ellos.
La relación entre Alfonso X y Arcos de la Frontera se establece en el año 1264. Es un año de convulsiones en las poblaciones gaditanas, que se habían rendido a las tropas cristianas bajo promesa de que serían respetados sus bienes y sus costumbres. Pero en cuanto los reconquistadores, como nos han enseñado a llamarles, entraban por las puertas se repartían las mejores casas y los mejores campos y comenzaban a presionar a los habitantes de las ciudades para convertirlos a su fe y a sus costumbres. Así Fernando III entró en Arcos de la Frontera en el año 1250 y catorce años después la población se amotinó contra los abusos de los cristianos. Alfonso X tuvo que reconquistar, esta vez sí está bien utilizado el término, toda la campiña gaditana usando la fuerza.
En cuanto entró en Arcos de la Frontera actuó como tenía por costumbre. Expulsó a sus habitantes, repobló la ciudad con tropas leales e inmigrantes del norte peninsular y le cambió el nombre de Arcos o fortaleza por el de Arcos de la Frontera en referencia a su situación en la frontera del reino nazarí de Granada. Dicho reino musulmán era aliado de las tropas cristianas y luchaba contra los demás reinos moros, terminando por ser destruido cuando fue el último.
Así, pues, Alfonso X desterró a los habitantes de la ciudad y la repobló con foráneos. Este hecho es el que se homenajea en esta estatua. Asimismo se refleja en el lema municipal donde se alude al cambio de nombre realizado por Alfonso X y a la expulsión de la población nativa.
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