Merece la pena pagar un poco más
Este hotel de 4 estrellas pertenece a la cadena Paradores y como caracteriza a esta cadena se encuentra en un edificio histórico: el antiguo convento de Dominicos de San Pablo, construido en el siglo XVI. Se encuentra a las afueras de la ciudad, frente a las famosas Casas Colgadas; para llegar hay que atravesar el puente metálico sobre la Hoz del Huécar.
Tanto el edificio como el entorno y las vistas son una auténtica maravilla. El edificio mantiene su arquitectura original, sus dependencias se disponen en torno a un claustro central que han cubierto con cristaleras para poder ser utilizado como cafetería. El hotel tiene 63 habitaciones, restaurante, bar cafetería, salas de conferencias, gimnasio, sauna, piscina exterior de temporada y cancha de tenis.
La habitación era enorme, con un suelo de pavimento rústico (sobre el que había una alfombra para evitar la sensación de frialdad) y mobiliario de madera estilo rústico, manteniendo la estética del antiguo convento. Sobre las cabeceras de las camas había una especie de doseles.
Frente a la cama había un mueble tipo alacena antigua, dentro del cual se encontraba escondida la TV (con Canal+) y el minibar. Junto a él, un espejo de cuerpo entero y una zona de descanso con dos silloncitos y una mesita baja. Por supuesto había calefacción, aire acondicionado y caja fuerte. Desde la ventana había unas vistas espectaculares de la garganta del Huécar. El baño también bastante amplio, con todo lo necesario y secador de pelo.
Sin duda merece la pena pagar un poco más de vez en cuando y alojarse en Paradores. A mí me encanta alojarme en este tipo de edificios históricos.


