Visita en un día la región de Connemara
He aquí otra zona de Irlanda donde nos hubiera gustado quedarnos más días para descubrirla con más detenimiento en nuestro viaje de dos semanas a Irlanda: la región de Connemara National Park.
Nuestra primera parada del único día que le pudimos dedicar a la zona fue el pueblo de Roundstone, un pueblo con un pequeño puerto desde el cual se puede observar una hilera de casas coloridas. Un poco más adelante, nos detuvimos en Ballyconneely, donde hay varias playas en las que, si no fuera por las temperaturas bajas, uno podría pensar que está en el Caribe.
Después, hicimos una parada técnica en Clifden para comer en el Cullen’s Bistro & Coffee House, un café pequeñito donde cocinan platos locales.
Con el apetito cubierto, nosotros conducimos hacia Connemara National Park, donde se alzan cuatro cimas llamadas los Twelve Bens. El centro de interpretación del parque es el punto de partida de varios recorridos a pie, desde 30 minutos hasta todo el día. Nosotros hicimos uno de una hora y media aproximadamente, que nos dió la oportunidad de ver los ponis de Connemara, que según la guía provienen de una yeguada árabe que llevaban los navíos españoles de la armada. También pudimos disfrutar de la vista panorámica del parque y ver muchas flores, entre las cuales, las fucsias, que crecen entre los arbustos de Connemara gracias al clima.
Justo al salir del parque, rodeada de lagos y montañas, se encuentra Kylemore Abbey, construida primero como castillo en 1867, para luego ser vendida a monjas benedictinas en 1920. Actualmente, se puede visitar su jardín victoriano amurallado, la iglesia neogótica y el museo familiar, entre otros. Hay que decir que en nuestro caso nos limitamos a verla desde el lago del exterior, porque no teníamos tiempo para entrar a visitarla.
A unos 10 km hacia el este de la abadía, pudimos ver el Killary Fjord, una lengua de mar que se adentra 16 km y que regala al visitante paisajes de postal que hay que ver con los propios ojos, porque la cámara no llega a plasmar la belleza del lugar. Como era el primer fiordo que veíamos en nuestras vidas quedamos impresionados.


