El paisaje de la piedra seca
Punta Nati es soledad, aridez, casi un desierto. Por lo menos eso es lo que parece a primera vista, cuando dejamos atrás Ciutadella y nos alejamos de los caminos más trillados por el turista.
La carretera, indirecta y sinuosa hasta entonces, se convierte en una línea recta que nos lleva hasta un cabo rocoso donde se levanta un solitario e inaccesible faro. De él poco más puedo decir.
Eso sí, por el camino a ambos lados pueden verse las extrañas pero curiosas construcciones en piedra seca que dan cobijo al ganado en los días de frío y mal tiempo. Barraques y ponts, de aspecto oriental con sus pisos superpuestos, levantados con una magistral técnica sin argamasas ni cementos, utilizando una maestría autodidácta con siglos de antigüedad.
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