Señor de Andalucía
Arteria de Hispalis, gloria de la ciudad de Sevilla, que la convirtió en capital de occidente, en urbe próspera y elegante en la que convivían musulmanes, cristianos y judíos.
Sevilla y el Río, el Río y Sevilla, que tanto monta monta tanto, quizá por ser lo mismo. Desde que por sus aguas partieron y arribaron los grandes conquistadores y comerciantes desde el siglo XV al XVI, Colón, El Cano o Magallanes, poderes como el oro que la convirtieron en capital del mundo, en la Babilonia del Pecado de los tiempos del piadoso Felipe II. Germen del Gran Siglo de Oro español de Cervantes, Velazquez, Murillo y Zurbarán que convivían con truhanes, busconas, pícaros y demás gentuza, que intentaban sacar reales de los nuevos ricos y de sus protegidos.
Ahora brilla como lo que fue, sangre de cristal para la ciudad, para su entorno y para sus admiradores, reflejo de la Torre del Oro y de la calle Betis, espejo de los puentes de Triana, de San Telmo o del Paquito, lágrimas que lo alimentan en la madrugá sevillana, donde hasta el mismo Río siente y sufre la amargura de la Madre Macarena.
Río de vida y de pasión. Rey de Sevilla.