La Ruta del Alba, Asturias
Hay una Asturias verde formada por hermosos paisajes de bosques y valles que descienden desde las montañas que la separan del resto de la Península.
Muchos rincones hermosos la describen pero entre todos ellos, hay uno en el Parque Nacional de Redes que es, quizás, de los más hermosos de Asturias: la Ruta del Alba.
El Parque Nacional de Redes se encuentra en la zona central de Asturias en plena cordillera cantábrica. Recorrido por numerosos riachuelos y rodeado de montañas, valles y bosques, este rincón es de los que se graban en la memoria para no olvidarse jamás.
En nuestra ruta nos podremos encontrar con numerosos riachuelos, bosques vírgenes y la presencia imponente del haya que convierte este paraje en algo espectacular, sobre todo si la realizamos durante el otoño. Explosión de colorido anaranjado y aromas de hojas muertas que crujen ante nuestras pisadas. Nos encontraremos con este árbol en las zonas más sombrías dando un halo de misticismo al lugar.
La Ruta del Alba no es una senda más. Su recorrido nos sumerge en un bosque muy cerrado lleno de saltos de agua espectaculares, densa vegetación al borde del camino, pozas cristalinas, paredes verticales de roca que cortan la respiración y praderas verdes y extensas rodeadas de montañas y bosques.
Es una ruta fácil de hacer, que apenas tienes desnivel y tan gratificante que os recomiendo que carguéis en la mochila provisiones para comer y beber y así, poder descansar observando todo lo que la naturaleza te ofrece.
Este impresionante recorrido comienza en el pueblo de Soto de Agues (Sobrescobio). Veremos que antes de entrar al pueblo, a la derecha, hay una extensa explanada donde debemos dejar el coche. Podemos pasear tranquilamente por Soto de Agues y comprar una buena barra de pan y el típico “quesín” para reponer fuerzas durante la ruta. Este pueblo tiene un marcado carácter rural lleno de casas de piedra y madera. También conserva algún hórreo donde nos podemos hacer alguna bonita fotografía. Cruzando por las calles empedradas seguiremos la indicación de la Ruta del Alba.
Paseando tranquilamente pasaremos por un lavadero y una fuente que la dejaremos a la derecha. Caminaremos en dirección hacia la piscifactoría. En todo momento tendremos a nuestra izquierda el río Alba que nos acompañará durante todo el camino.
Nos encontraremos con densos bosques de castaños viejos, retorcidos y huecos. El camino cada vez se irá estrechando más hasta que nos encontremos con un puente de madera por el que podemos cruzar a la otra orilla del río Alba y sacar unas fotos magníficas desde otro punto de visión. Seguiremos andando por el camino inicial que, en algunos tramos, está empredado y con barandillas de madera en las zonas más abiertas al río.
Unos metros más y pasaremos por lo que fue, antiguamente, un cargadero de hierro. Rodeados de impresionantes sauces, espinos, castaños y avellanos, seguimos nuestra ruta sin perder de vista el río Alba. Este camino se irá estrechando cada vez más hasta convertirse en una senda.
Este sendero nos adentrará en lo más hermoso de la Ruta del río Alba: las hoces. Comenzaremos a estar, casi aprisionados, por altas paredes verticales de roca. Escucharemos el cambio brusco del río que ahora es mucho más rápido y violento por sus numerosos saltos de agua.
Esta es la zona más espectacular del recorrido pues el río, además, se alimenta de numerosos arroyos que surgen de la montaña entre los musgos, helechos y líquenes. Las paredes de roca están tapizadas en muchos lugares de vegetación que se agarra para sobrevivir a cualquier grieta existente. Nos llamará mucho la atención algún tejo, haya o abedul que lucha contra la gravedad.
Cuando crucemos dos veces el río por dos puentes de madera sabremos que estamos llegando al final de la Ruta del Alba. Hay momentos en los que el desfiladero se estrecha tanto, que nos da la sensación de que va a finalizar el sendero allí mismo. Sin embargo, de repente, el cañón se abre y nos ofrece una hermosa panorámica de prados rodeados de montañas y bosques.
Si llevamos comida para reponer fuerzas podemos descansar al lado de una cabaña de pastores mientras observamos la naturaleza que nos rodea y respiramos aire puro.
Deberemos regresar por el mismo camino siendo muy previsores en cuanto a la luz del día, ya que en el desfiladero la luz llega de forma muy tenue al estar encajonado entre las montañas.
Este recorrido lo podemos realizar tranquilamente en unas cinco horas dependiendo de las paradas que hagamos para descansar, observar lo que nos ofrece la naturaleza y fotografiar todos sus rincones.
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