Por el aire vuelan las notas musicales
Aunque villa industrial, Martorell siempre ha latido con el corazón de la música, en una relación de sentimiento mutuo que la llevó a fundar una de las primeras escuelas de música de España y que se remonta al siglo XVI. Tanto ella como otras que vinieron después ayudaron a hacer florecer el talento musical de los habitantes de una ciudad por la que pasear se convierte en toda una aventura descubridora.
Sensibilidad no les falta por ello, y es fácil observarlo en las casas esgrafiadas y de manera menos llamativa en edificios como el Convento de los Capuchinos, el Ayuntamiento, la Plaza Mayor, que lo es de coqueta y medieval, y no de tamaño, la torre de les Hores ( una torre de la antigua muralla habilitada como campanario) o el famoso Puente del Diablo.
Estas muestras de la historia mas antigua y más reciente de la pequeña ciudad, están siendo rehabilitados para que no caigan en el olvido y el abandono, si bien es cierto que algunos de ellos requieren una intervención mucho más urgente, como el número 19 de la Plaza Mayor, con un espectacular y gigantesco balcón de madera sustentado por columnas, todo ello en un curioso gusto ecléctico.
Otros más afortunados ya muestran la cara lavada, como el Museo Provincial l'Enrajolada o algunos ejemplos salpicados de Modernismo que nos salen de cuando en cuando al paso.
Eso sí, no nos extrañemos si al salirnos un poco de las calles principales encontramos algún que otro huerto urbano, con grandes cultivos de tomates o calabazas, frutales y verduras que parecen alimentarse de la misma música que nutre a los elegantes y cultos habitantes de Martorell.


